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Meses: (se aprende a) ignorar todos los urgentes que deja el jefe anotados en los documentos que despacha.
La empresa no quiebra, el mundo no se cae.
Enfrentas la posibilidad de un despido, eso sí, pero es un 50/50 que bien vale el riesgo para invalidar ciertas teorías corporativas, neofascistas y burguesas.
Ayer: (puedes) librarte sin remordimiento de la agenda de cuero del año pasado.
Los teléfonos que sirven se copian en el primer papel que tengas a la mano. Todo lo demás, al tacho de basura.
Lunes: (es posible) abstraerse de las conversaciones y del ajetreo empresarial para redactar un cuento entero a mitad de la tarde.
La primera hora, la gastas entera tratando de recordar tu primer día de trabajo. No lo consigues. Las otras, inventas maneras imposibles de estar sin estarlo: un contador bosqueja escondites hechos de archivadores al pie de cada balance general, un funcionario público vestido de blanco se mimetiza con las hojas bond apiladas en el escritorio, un ejecutivo sube y baja escaleras llevando un folder vacio al abogado, al analista, al gerente, al…
Tres de la tarde: (es fácil) renunciar a hábitos como fumar un cigarrillo para reemplazarlos por una taza de anís.
No se lo prometiste a nadie, no le temes al efecto acumulado en los órganos, no altera tu presión, ánimo o conciencia medioambiental; sólo lo dejaste.
Y podría seguir pero a veces, la indiferencia del discurso incompleto… Bueno, ustedes entienden.
sé que tú lo haces
- One comment • Category: atemporales, corporativo
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(fragmento)
Jueves 11 de Setiembre. Las páginas arrancadas del calendario que nos entrega la compañía están meticulosamente apiladas en el escritorio. Revisar una por una. Ver en qué anduve el 2008. Ocho entre dos, cuatro, pienso.
No lo hago. Las dejo ahí; con todas sus anotaciones tachadas, el juego inconsciente entre letra corrida e imprenta y todos esos lapiceros de diferentes tintas y colores. Yo: mis sistemas. Azul. Rojo. Negro. Verde.
Recuerdo el dibujo del domingo por la mañana, casi tarde. Rosa. Celeste. Blanco. Los dos, en pijamas sobre la cama; ella con sus plumones magníficos de punta finísima, dibujándome, yo, abrazando una almohada y sin intención de posar, posando. We sit here stranded but we are doing our best to denied it. Bob Dylan lo hace bien, asiento. Nosotros, también.
Bajo al mínimo el volumen al reproductor de música. No creo que nadie esté preparado para las harmónicas de Dylan después del almuerzo. Sería interesante ver a alguien vomitar a causa de ello. Terminar todos vomitando por disgusto o por contagio al sonido de Subterrenean Homesick Blues. ¿Llevaba harmónica esa canción?
No llego a ella. Desde el cubículo de a lado escucho una canción latin pop imposible, pero con la fuerza y la alegría suficientes para ahogar a mi melancólico Dylan. Lo apago. Tampoco arrojo a la basura al 11 de Setiembre y a los días escondidos debajo de él. Estoy evitándolo. Evitándolos. Supersticiones mías. Vicio.
Yo no empecé a trabajar aquí un día jueves. ¿En qué momento y, más importante, en qué circunstancias arranqué esas tres primeras hojas? Ocho entre dos, cuatro, pienso.
- 4 comments • Category: corporativo, historias breves
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Todos los días me dice que no tiene.
Hoy, me ha regalado una bolsita de azúcar del McCafé. A ver si se puede negociar con tus antojos me ha dicho.
Se puede.
2. Los lunes no son para tacos.
Realmente ningún día lo es.
3. La vista entre el piso 7 y 8 es la mejor del edificio. Se ve a nuestra Lima gris corporativa, salpicada por edificios asimétricos y coloridos.
El contraste es magnífico.
4. La oficina de mi jefe se tiñe de colores por las tardes. El verano.
¿Por qué ahora el atardecer me conmueve tanto?
Me paraliza.
He pasado de la admiración por el espectáculo natural a la nostalgia de la contemplación sin pausas ni explicaciones.
El sentimentalismo me confunde lo mismo que me incomoda. Una cosa era la capacidad de apreciar la riqueza estética del paseo tornasolado de las horas por el cielo y otra, es la asociación adolescente de circunstancia con carencia.
5. No he colgado ni un solo pedazo de mi en las paredes grises y verdes del cubículo. No voy a estar por mucho tiempo más, así que no tiene sentido colgar caricaturas del viejo bukowski, frases de libros o carátulas de discos.
Este puede ser mi último verano en esta ciudad.
Y, como hace un par de años, me iré sin avisar.
6. Ando pensando últimamente que yo soy como uno de esos reptiles que se descascaran cada cierto tiempo, o como esos crustáceos que se mudan de caparazón periódicamente para poder crecer.
He vivido diferentes vidas. He sido diferentes personas.
Y ahora, que ella vuelve reclamando su lugar en la mesa, líneas en la lista de compras, sus dos horas de telenovelas, discovery channel en cada comida y orden orden orden; no sé si reptil o crustáceo, pero de que hay muda, hay.
7. Dije que volvía. Dije bienvenidos todos.
Y fue en serio.
Pero también fue en serio esto del rol de aspirante a banquero. Este coqueteo inocente con la vacuidad moral de Patrick Bateman.
Así como a principios de este año experimenté con los cuadernos de Florentino Ariza, ahora que acaba, me voy metiendo despacito a la cultura yuppie de trajes san isidrinos idénticos y de corbatas terribles.
Hasta ahora, no se me da por desmembramientos ni mutilaciones. Espero que no sea una cuestión de tiempo.
8. Me estoy quedando ciega. Es todo muy brillante. Demasiado.
I get around
the beach boys
- 9 comments • Category: corporativo, histórico, lima
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